Seis años después de la desaparición de Rodrigo Ramos Cordero, su familia mantiene abierta la esperanza de conocer qué ocurrió con el mochilero, cuyo rastro se perdió en Castro el 4 de octubre de 2020. Hoy tendría 42 años y, pese al archivo de la investigación en junio de 2023, sus cercanos insisten en que cualquier antecedente podría ser clave para retomar las diligencias.

Rodrigo llegó a Chiloé desde Aysén, ingresando por Quellón, con la intención de encontrar nuevas oportunidades laborales y continuar recorriendo distintos lugares. En Castro compartió con una pareja que, según sus antecedentes, fue la última en verlo. Ambos estuvieron en un mirador antes de separarse. Cámaras de seguridad permitieron corroborar su presencia en la ciudad.

La BICRIM de Castro realizó rastreos, empadronamientos, allanamientos y otras diligencias en Chiloé y el continente. Incluso hubo operativos en Puerto Montt a partir de información entregada por una vidente.

Su madre, Rosa Cordero, mantiene la hipótesis de una eventual intervención de terceros y presentó una querella por secuestro en noviembre de 2020.

“Queremos aclarar lo que pasó con mi hijo”, señaló, llamando a quienes tengan información a entregarla a la policía.

Desde la familia aseguran que hoy la prioridad es conseguir datos, incluso antiguos, que permitan abrir nuevas líneas de investigación y evitar que el caso caiga en el olvido.

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