Por, Caroline Yans Paredes, Directora Carrera de Nutrición y Dietética, Universidad Santo Tomás Puerto Montt

Ya finalizado el mundial, nos planteamos qué nos dejó desde el punto de vista nutricional. Por primera vez en su historia, la FIFA hizo obligatorias las pausas de hidratación en todos los partidos, convirtiendo a una marca de bebida isotónica en la oficial del torneo de fútbol, autorizando su publicidad en diversas plataformas y evidenciando su consumo en todo el mundo. Es importante analizarlo desde una perspectiva en donde los niños, niñas y adolescentes piensen que su consumo es beneficioso al ser consumidos por sus ídolos.

La Ley de etiquetado de nuestro país (Ley 20.606), cumple este año 10 años de vigencia y es un ejemplo para muchos países, por prohibir todo tipo de publicidad de alimentos ultraprocesados, aunque presenta un vacío de su excepción en eventos deportivos. Consecuencia: podemos ver en cualquier campeonato a estas marcas, muy alejadas de ser saludables.

Desde la nutrición, este tipo de escenarios es un problema de salud pública, ya que el grupo infanto-juvenil es especialmente vulnerable al marketing alimentario, pudiendo vincular que el éxito en el deporte, la rapidez y vitalidad en el juego, puede asociarse al consumo de estos productos, modificando sus preferencias y hábitos alimentarios. Es importante destacar que estas bebidas cumplen la función de reponer líquidos y sales minerales en deportistas de alto rendimiento. Esto es muy importante destacar, ya que un niño o adolescente que juegue un partido de fútbol no necesariamente requiere de este tipo de bebidas, mucho menos si no realiza un deporte que contemple esfuerzos de resistencia.

Por otro lado, esta publicidad se relaciona con el aumento considerable de bebidas energéticas que actualmente consumen los niños y adolescentes, y que son un riesgo para su salud por la cantidad de cafeína o subproductos que contienen, donde investigaciones recientes indican que pueden presentar una asociación con el riesgo cardiovascular, sumado a sus efectos sobre la ansiedad, agresividad, problemas para conciliar el sueño, entre muchos otros.

Las pausas de hidratación van más allá de ser una medida para la salud de los deportistas. Más bien están asociadas a publicidad para normalizar el consumo de bebidas ultraprocesadas y energéticas en la población más vulnerable, a través de ídolos deportivos. Desde la mirada de salud pública, se debería exigir perfiles nutricionales adecuados que sean visibles en las pantallas de todo el mundo y fortalecer las políticas públicas internacionales que prioricen la salud infantil sobre los intereses comerciales de la industria alimentaria, sobre todo considerando el alto nivel de sobrepeso que presenta tanto nuestro país como el mundo entero.