A 200 años de la Anexión de Chiloé a la República de Chile, diversas voces del Archipiélago coincidieron en que la conmemoración del bicentenario no alcanzó la relevancia histórica esperada para una fecha de tal magnitud.

Si bien en distintas comunas se realizaron actividades artísticas, gastronómicas y ceremonias oficiales, desde sectores sociales, culturales, indígenas y gremiales se instaló una percepción transversal de oportunidad desaprovechada.

Uno de los principales cuestionamientos apuntó a la ausencia de obras conmemorativas permanentes que dejaran un legado material para las actuales y futuras generaciones.

Armando Bahamonde, presidente de la Red de Cultura de Chiloé, sostuvo que el bicentenario debió traducirse en hitos visibles y duraderos, como monumentos, espacios culturales o parques, lo que finalmente no ocurrió.

Desde el ámbito gremial, Julio Candia, presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Turismo de Castro, criticó el carácter mayoritariamente ceremonial de las actividades, señalando que se perdió la posibilidad de generar un hito patrimonial y turístico, especialmente en lugares emblemáticos como Tantauco, donde se firmó el tratado que selló la incorporación del territorio.

En tanto, desde el mundo indígena, Manuel Rauque, del Consejo General de Caciques Williche de Chiloé, afirmó que la deuda del Estado es histórica y territorial, subrayando que el Tratado de Tantauco no ha sido debidamente reconocido ni respetado.

En la misma línea, dirigencias vecinales lamentaron la falta de espacios de memoria permanentes que den cuenta de la importancia de este proceso histórico.