Las señales estaban ahí, marcadas en rojo sobre el mapa mucho antes de que el fuego se tomara los territorios. Un estudio del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) advirtió hace cinco años cuáles eran las regiones con mayor riesgo de incendios forestales en Chile, anticipando escenarios que hoy ya no sorprenden, pero siguen golpeando.

El análisis examinó 19.413 igniciones (inicios del fuego) registradas entre 2013 y 2015, revelando que zonas como Valparaíso, Biobío y La Araucanía concentraban los mayores índices de peligro. No se trataba de intuiciones ni presagios, sino de datos duros que identificaban patrones claros: continuidad del combustible vegetal, expansión de monocultivos forestales y la cercanía entre masas de vegetación y asentamientos humanos.

El estudio estableció que más de la mitad de las igniciones se concentraban en áreas específicas, donde el paisaje se transformó en un corredor inflamable. La interfaz urbano-rural, donde conviven viviendas, plantaciones y bosque, emergió como uno de los puntos más críticos.

Especialistas del CR2 subrayaron que una ignición no siempre deriva en incendio, pero cuando el territorio acumula material combustible y carece de planificación, el fuego encuentra el camino despejado. Las advertencias fueron claras y públicas. El problema, sostienen los investigadores, no fue la falta de información, sino la demora en repensar el paisaje y anticiparse a una tragedia que, año tras año, vuelve a repetirse.