Roma. Tras una prolongada hospitalización en el Hospital Gemelli, el papa Francisco ha fallecido a los 88 años, debido a complicaciones pulmonares que deterioraron progresivamente su salud. Su partida marca el inicio de la “sede vacante”, un proceso tradicional de la Iglesia Católica que culminará con la elección de un nuevo sumo pontífice.

La muerte de un papa es un momento de profundo duelo para la Iglesia y sus millones de fieles en todo el mundo. A lo largo de los siglos, se han establecido rituales minuciosos para acompañar a los creyentes en este periodo y reorganizar una de las instituciones más antiguas de la historia. El cuerpo de Francisco, vestido con una sotana blanca, fue trasladado a su capilla privada en el Vaticano, donde comienzan los primeros homenajes.

La administración temporal del Vaticano quedó en manos del cardenal camarlengo, Kevin Joseph Farrell, de 77 años, quien liderará las primeras ceremonias oficiales. Entre ellas, destaca el rito en el que el cuerpo del pontífice será revestido con ornamentos rojos y colocado en un ataúd de madera forrado en zinc, siguiendo la tradición papal.

El Colegio Cardenalicio determinará en las próximas horas la fecha y horario del velatorio, que debe realizarse entre cuatro y seis días tras su fallecimiento. La noche anterior al entierro, el rostro de Francisco será cubierto con un velo de seda blanca. Asimismo, junto a sus restos serán depositadas monedas acuñadas durante su papado y un “rogito”, un pergamino que documenta brevemente su vida y obra. La ceremonia de entierro marcará el cierre oficial de una era y el inicio de un nuevo capítulo para la Iglesia Católica.