Por, Dr. Cristian Soto Gallardo , Investigador Pedagogía en Educación Diferencial Universidad San Sebastián sede De la Patagonia

A comienzos de agosto, el congreso aprobó una reforma al Sistema de Admisión Escolar (SAE), que reemplaza el mecanismo puramente aleatorio por uno mixto; elección mutua para colegios con sobredemanda y asignación aleatoria para el resto. El proyecto avanza ahora a su segundo trámite en el Senado. Pero antes de celebrar o de indignarse, vale la pena hacer una pregunta más incómoda: ¿estamos resolviendo el problema, o solo cambiando quién se queda afuera y con qué justificación?

La realidad del SAE en Chile es que hay colegios que reciben más postulantes que cupos disponibles, cuando eso ocurre, alguien queda fuera. La pregunta que surge entonces es ¿Por qué hay tan pocos colegios buenos disponibles para tantas familias que los buscan? El SAE no inventó la escasez: la administra.

Los datos del último proceso de admisión ilustran bien esta lógica de embudo: mientras en muchas escuelas una gran cantidad de cupos quedan vacantes, en otros establecimientos educativos se concentra la mayor cantidad de postulantes. Es decir: el problema es que la demanda se concentra en un grupo pequeño de establecimientos considerados de mejor calidad.

Quienes impulsan el proyecto argumentan legítimamente que el sistema es injusto y ponen en relieve el mérito, pero reemplazar el sorteo por rendimiento académico, entrevistas o mecanismos de «elección mutua» no elimina el embudo: solo cambia el criterio con el que se decide quién queda fuera.

Si un colegio sobre demandado pasa de sortear entre postulantes empatados a seleccionar por desempeño académico, seguirá dejando exactamente al mismo número de familias sin cupo. La diferencia es que ahora el filtro premia a quienes ya llegan con más capital cultural y económico acumulado, que es precisamente lo que la Ley de Inclusión Escolar de 2015 buscó desmontar, debido a la alta segregación del sistema.

El problema estructural es la desigualdad de condiciones entre escuelas, no el mecanismo que asigna los cupos escasos que esas desigualdades generan. Es por esto que la Mesa Técnica convocada el año 2024 propuso fortalecer el funcionamiento del sistema sin alterar los principios que lo rigen, reafirmando los objetivos de equidad, inclusión y no discriminación que motivaron la reforma de 2015.

A pesar del espíritu de la ley, es importante reconocer que la evidencia disponible indica que el SAE no ha alcanzado los objetivos que motivaron su creación, principalmente la reducción de la segregación socioeconómica dentro del sistema escolar. Mientras sigamos discutiendo si es más justo seleccionar por nota, por sorteo o por cercanía al colegio, seguiremos moviendo las sillas dentro de un mismo contexto que tiene, estructuralmente, menos asientos buenos que pasajeros. El esfuerzo país debería concentrarse en preguntarse qué se necesita para fortalecer la calidad de las escuelas, financiamiento, formación docente, infraestructura, apoyo a la gestión pedagógica, etc.  Para que cualquier colegio, y no solo un puñado, sea una opción satisfactoria para cualquier familia.