Una señal de advertencia emergió desde las aguas del Lago Llanquihue. Exámenes recientes detectaron presencia de coliformes fecales por sobre la norma en sectores clave de la bahía urbana de Puerto Varas, encendiendo las alarmas sanitarias en plena temporada estival.

Los puntos comprometidos se concentran en la Playa del Centro, donde se identificaron dos áreas alteradas, y en el sector de Puerto Chico, uno de los espacios más concurridos para la recreación. Frente a este escenario, la Seremi de Salud de la Región de Los Lagos activó una investigación sanitaria destinada a rastrear el origen de la contaminación y contener su avance.

La autoridad sanitaria explicó que los hallazgos forman parte del monitoreo estacional de aguas recreacionales, una red de vigilancia que abarca 95 puntos en toda la región. En este tablero preventivo, Puerto Varas marcó en rojo, lo que derivó en coordinaciones inmediatas con el municipio para diseñar un plan de acción.

Desde la Seremi destacaron la disposición del alcalde Tomás Gárate y su equipo, quienes presentaron medidas orientadas a reducir los riesgos y proteger a la población. Sin embargo, el horizonte no descarta decisiones más drásticas. Si los niveles de contaminación persisten o se intensifican, podrían aplicarse restricciones preventivas e incluso el cierre temporal de los balnearios afectados.

La vigilancia continuará de forma permanente. El objetivo, subrayó la autoridad, es evitar que una amenaza invisible en el agua se transforme en un problema de salud pública, tanto en verano como durante los meses de invierno.

COMUNICADO

Desde la Municipalidad de Puerta Varas asimismo, se emitió un comunicado que entre otras cosas señala lo siguiente:

«La Municipalidad de Puerto Varas es la única de la cuenca del Lago Llanquihue que cuenta con un sistema de monitoreo permanente de la calidad de las aguas. Gracias a este seguimiento continuo, se ha podido constatar que, de los diez puntos que se monitorean mensualmente, solo dos han registrado —de manera puntual— niveles que alcanzan los valores mencionados por los medios de comunicación.

Estos registros corresponden a los meses de julio, agosto y septiembre, períodos en los que se producen eventos específicos asociados a descargas de aguas servidas, generando picos de contaminación que no son constantes en el tiempo. Por lo tanto, se trata de una situación focalizada, acotada a puntos y momentos específicos del año, y no de una condición generalizada de la playa urbana de la ciudad. Finalmente, como Municipalidad hacemos un llamado a que la información vinculada a temas ambientales —que son especialmente sensibles para la comunidad— sea comunicada de manera responsable, rigurosa y basada en datos verificables, evitando generar alarmas innecesarias o percepciones equivocadas que sobredimensionen una situación que está estudiada, analizada y claramente delimitada en el tiempo y el espacio».

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