El inicio del nuevo año en el Archipiélago estuvo lejos de ser una celebración tranquila. Mientras el cielo se encendía con destellos festivos, en tierra firme se activaba una cadena de emergencias que puso en jaque a bomberos, brigadas forestales y servicios eléctricos. Incendios en distintos puntos de Chiloé, cortes de energía y la muerte de mascotas marcaron una madrugada donde la pirotecnia ilegal pasó de espectáculo a amenaza.

Los primeros estruendos, oídos minutos después de la medianoche, dieron paso a focos de fuego en sectores urbanos y rurales, obligando a un despliegue simultáneo de unidades en Ancud, Castro, Chonchi, Queilen y Quellón. En zonas como Alto Muro y Lilicladad, las llamas avanzaron sobre la vegetación, exigiendo un trabajo contrarreloj para evitar su propagación.

El impacto también se sintió en la red eléctrica. Una falla en las líneas de media tensión dejó sin suministro a cerca de 9.500 clientes en Ancud, generando un apagón que se extendió por varias horas y afectó a amplios sectores de la ciudad. Las labores de reparación permitieron una recuperación gradual, aunque algunos puntos permanecieron sin energía hasta avanzada la mañana.

En paralelo, redes sociales se llenaron de denuncias por el uso indiscriminado de fuegos artificiales, pese a su prohibición. Autoridades locales advirtieron que estos hechos no solo generan daños materiales, sino que instalan un riesgo permanente para personas, animales y el entorno. Una postal que volvió a repetirse y que dejó en evidencia que en la Isla Grande el Año Nuevo volvió a encender más alarmas que celebraciones.

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